El sonido del silencio.

Soy músico, organizo los sonidos y el silencio, de una manera rítmica y armónica. 

El sonido propaga ondas que atraviesan todo nuestro cuerpo y puede generar emociones que nos hagan felices, como así también, hay sonidos que nos pueden enfermar: EL RUIDO, ese sonido sin ritmo ni armonía, la contaminación invisible, que nos enferma a diario a todos sin siquiera darnos cuenta, poniendo en riesgo nuestra salud y calidad de vida. 

Los sonidos se miden en decibeles (la presión sonora que las ondas ejercen sobre nuestro oído).
Según la Organización Mundial de la Salud, la medida media permitida es entre 60 y 70dB como máximo. 
¿A cuánto estamos acostumbrados quienes vivimos en grandes ciudades?: a más de 85db. 

Este dato se agrava aún más si tenemos en cuenta que los dB son una medida logarítmica: por lo cual 85db no es “un poco” más ruidoso que 65db, sino ¡20 veces más ruidoso! 

¿Cuáles son los efectos que esto provoca en nuestra salud? 

Basta con solo ocho horas de exposición a un ruido de más de 90 dB para afectar a un grupo de células del oído interno y lesionarlas definitivamente. La exposición constante y prolongada al ruido daña el tímpano, lo cual genera una perdida parcial (y algunos casos total) de la audición, este daño es irreversible. 

El uso de auriculares para escuchar música agrava aún más la situación, ya que sumamos presión al oído, elevando el volumen de la música para tapar los sonidos externos.

Pero, además, la exposición al ruido genera:

  • Aumento del ritmo cardíaco
  • Incremento de la presión sanguínea
  • Cambios del ritmo respiratorio
  • Estrés
  • Insomnio
  • Disminución de nuestra concentración
  • Trastornos del aparato digestivo
  • Las frecuencias bajas generadas por motores de camiones y colectivos causan irritación, ansiedad y agresividad.

La Organización Mundial de la Salud advierte que, en el año 2050, 900 millones de personas podrían padecer sordera, una de cada diez personas. 

Así como la música es un medio de comunicación, la identidad sonora de las ciudades pueden facilitar o interrumpir la comunicación entre nosotros mismos. Nuestro mapa sonoro nos identifica como sociedad: una ciudad ruidosa genera una sociedad enferma. 

Actualmente la ciudad más ruidosa del mundo es Guangzhou, China, la menos ruidosa Zurich, Suiza, y la 10ma ciudad más ruidosa del mundo: Buenos aAires, Argentina.

¿Cuáles son las posibles soluciones a este problema?: 

 

  • El silencio. 

 


Está demostrado que pasar ratos en silencio enciende nuestras neuronas.

Pero además: 

  • Respetarnos sonoramente.
  • Diseñar espacios teniendo en cuenta el sonido como factor arquitectónico.
  • Implementar, y hacer cumplir, políticas de salud sonora pública. 
  • Reducir el ruido de vehículos aplicando silenciadores en motores, escapes, bocinas, señaléticas sonoras en transporte público. 
  • Ampliar los espacios verdes (los árboles son grandes amortiguadores de ruidos).
  • Implementar pavimentos absorventes de ruido. 
  • No tocar la bocina al menos que sea imprescindible. 
  • Limitar el uso diario de los auriculares en la vía pública. 

Nuestra identidad sonora la construimos entre todos, es un bien, o un mal público y compartido que nos puede hacer vivir más sanos y felices, o insanos y malhumorados.

¿Alguna vez estás en silencio?